martes, 18 de julio de 2017

Restoranes de Barrio: Chan Chan


Chan Chan
Por esas cosas de tener que festejar mi cumple comiendo, fuimos a comer a un restoran peruano ubicado a unas cuadras del Congreso: Chan Chan. En Buenos Aires no había ido muchas veces a comer a un restaurant de comida peruana, salvo una vez hace muchos años al Mamani, el Cholo Terco, ubicado a pasos del Shopping del Abasto, así que no tenía mayores referencias del lugar, sólo algunas críticas que se pueden encontrar en Trip Advisor o Guía Oleo, las cuales lo colocan muy bien posicionado en sus rankings. Había que salir del misterio y que buena ocasión para hacerlo, aprovechando de celebrar el cumple de quien escribe.

Llegamos a Chan Chan el pasado viernes a eso de  las 20:30 horas y lo primero que sorprende es el hecho de ya más de 3/4 del lugar estaba lleno (eso sí, el lugar no es tan grande, a lo sumo entre 15 a 20 mesas).  Pero a diferencia de la mayoría de los restoranes peruanos, este está dirigido para porteños y extranjeros que quieren probar comida peruana a precios decentes. Nos atendió un mesero joven, con claro acento peruano, nos pasó la carta con los clásicos platos que puedes encontrar en cualquier restoran peruano acá en Buenos Aires: Ají de Gallina, Lomo Salteado, Seco de carne, Bisteck Encebollado, Ceviche, Papas a la Huancaina, Causa y otros. Nos pedimos un Lomo Salteado y un Ceviche con crema de rocoto y en menos de 10 minutos ya estaban en nuestra mesa los platos, bastante destacable dado que no éramos los únicos que estabamos en el restoran, además de estar bien servidos para los cánones porteños, pero normales para lo que se come en Perú. Como había hambre, los platos quedaron vacíos a los pocos minutos. Ojo, no quiero decir que eran pobres, todo lo contrario, estaban bien surtidos y realmente tenían pinta, pero en menos de 20 minutos mucho no quedaba del Lomo como del Ceviche.

Comida en Chan Chan
Con respecto a lo que se puede tomar en Chan Chan, uno esperaría encontrar poder tomar cervezas como Cuzqueña o Arequipeña, pero no, sólo Stella Artois y Heineken (nada de Quilmes y/o similares). Posee una carta de vinos bastante aceptable. También sirven un clásico peruano, el pisco sour, pero eso sí, este preparado con pisco chileno Mistral, el cual es más que decente para el paladar de quien escribe, pero rompe una norma que tácitamente los peruanos tienen: no considerar al pisco producido en Chile como pisco. Tal vez, el hecho de que una botella de pisco peruano cueste en Buenos Aires cerca de 500 ARS (cerca de 30 dólares) desaliente a los dueños a preparar sour con el brebaje original, mientras que un Mistral lo puedes encontrar por 170 ARS (cerca de 10 dólares) sin duda, es la opción más lógica tomando en cuenta los precios hoy en día

¿Vale la pena ir a Chan Chan? Si, es buena comida peruana, ojo con el sour, si no se es purista, es una buena opción para probarlo en Buenos Aires

¿Cuanto cuesta comer en Chan Chan? Nos pedims un Ceviche con crema de rocoto (170 ARS), Un Lomo Salteado (140 ARS), 1 agua y una gaseosa (70 ARS) y el servicio de mesa (40 ARS para 2 personas): total  unos 420 ARS (Julio de 2017)

¿Donde queda Chan Chan? En  Hipólito Yrigoyen 1390, casi esquina San José, a  una cuadra del subte Saénz Peña (Línea A) y a cinco cuadras del subte Uruguay (línea B).

Horarios de Chan Chan: de 12 a 16 y de 20 a 00 horas.


martes, 6 de junio de 2017

Mein Kamp en un kiosko de la calle Corrientes



Lo que faltaba: Mein Kamp en la calle Corrientes, junio de 2017




Pese a estar resfriado y con mucho que leer, tenía que salir si o si a pagar cuentas. El sino de la vida actual. Caminando hacia un banco que tiene una lechuza como símbolo (bien punga el dichoso pajarraco), me encuentro con esta postal, la de la foto que precede a este posteo. Entre mezclado entre portadas con el inefable de Tinelli y toda la prensa que gira sobre su dichoso programa, me encuentro a el, al cabo austriaco con su obra cumbre: Mein Kamp en un kiosko de la calle Corrientes (a la altura del 4500) ¿Que más se puede decir? Más allá del genuino interés que tenga alguno de leer su obra (que serán tal vez, los menos) muchos lo comprarán por creerse ese discurso de que la supuesta raza aria (y la blanca por extensión) debe ser la superior sobre la faz de la tierra aunque para ello se deba eliminar a las minorías molestas que impiden el dominio del ario a nivel global, ya sean estos personas de religión judía, eslavos, gitanos, gays y cualquiera no blanco.

Me imagino que los potenciales lectores porteños del Mein Kamp, agregarían al listado de despreciados por el cabo austriaco a  los inmigrantes latinoamericanos  (peruanos, bolivianos y paraguayos en su mayoría) que son los que mantienen sus calles limpias, sacan su basura, construyen sus casas, hacen su ropa en talleres clandestinos y son la mano de obra barata que subsidia y mantiene el modelo económico -cualquiera que sea- en la Argentina moderna. Pese a ser aplastado hace más de 70 años, su nefasto legado sobrevive en toda esa tracalada de mamertos (no merecen otro nombre) que se creen ser parte de una imaginada una raza superior, que se sienten arios y desprecian a los demás por ser diferentes, pero son muchas veces toda una sarta de aspiracionales y marginales que toman una ideología del odio como es la nacionalsocialista para poder salir de su pozo de frustraciones.   Lo peor que épocas como esta, con el terrorismo islamista  y de neopopulismos autoritarios  y racistas como telón de fondo global y de recesión económica a nivel local, son el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de estas minorías del odio, que aprovechan estos cortes de época para aparecer con su mensaje "novedoso" y supuestamente redentor. No hay que caer en el error de perseguirlos y darles con todo, hay que dejarlos desnudos con ideas y argumentos y demostrar que son solo una parva de pobres tipos que se escudan en un enano genocida para poder salir de sus cuevas de mediocridad y resentimiento.

sábado, 3 de junio de 2017

No es sólo #NiUnaMenos es #HastaCuando!!!

#NiUnaMenos, 3 de Junio de 2017, CABA
Hasta ahora nunca había ido a una marcha del #NiUnaMenos en Buenos Aires ni en ningún otro lado, pero este sábado me anime a darme una vuelta un rato a la organizada el 3 de Junio. Me bajé en la estación del subte Callao y subí hasta Rivadavia, hasta la altura de Congreso y comencé a caminar a lo largo de Rivadavia y Avenida de Mayo. Sin duda, la consigna del #NiUnaMenos está presente dentro del  discurso político y social de varios sectores en Argentina, pero tengo mis reales inquietudes que pueda llegar a ser algo más.

Ya es la tercera vez que se organiza una movilización de este tipo pero es el momento de preguntarse ¿sirven de algo? No pretendo deslegitimar para nada a las personas ni los colectivos que están detrás, pero creo que llegó el momento de tener que hacer una lectura crítica, menos militante y más desapasionada.   El hecho que el #NiUnaMenos sea un punto de reunión de grupos que van desde las feministas más radicales (de esas que plantean que hay que cortarle el miembro al hombre) hasta toda clase de Movimientos Sociales, pasando por todo el gran arco de la atomizada izquierda argentina (que sigue pagando culpas de clase hasta el día hoy), de los diversos colectivos kirchneristas (La Campora, Nuevo Encuentro y más o menos el Movimiento Evita) y sindicatos varios además de una multitud de ciudadanos privados hace que el #NiUnaMenos se diluya en algo que ha pasado a ser un muestrario de la fuerza de cada grupo, sobretodo en este 2017 electoral que dilucirá la suerte de muchos que sólo apuestan a la fuerza callejera sin entender que la mayoría de las personas  ya le entra todo por la pantallita de sus teléfonos móviles y laptops y no  por alguien que canta sloganes sacados de algún museo (por más que usen el hinchapelotas escribillo del "Despacito") magnificado por unos parlantes arriba de un camión. Pero eso sí, aclaro que  es bastante preferible ver a la gente marchar y cuestionar que se quede sentada viendo a Tinelli, pero sin duda, ya no genera el ruido que causaron las 2 marchas anteriores y puede caer en el riesgo de ser una rutina, un ritual político que otra cosa.

Pero lo que me preocupa, es el que pasa después de la marcha. Escuchaba aterrado(si, me dio terror) en una performance en Avenida de Mayo, que en el mes de abril de 2017, moría por la violencia machista una mujer cada 18 horas, más de una mujer al mes en Argentina. Eso te hace preguntar ¿que mierda pasa en este país? Tanto es el odio y resentimiento que hay en miles que terminan desquitándose en el entorno cotidiano, viviendo en relaciones asimétricas y de dependencia y subordinación que pueden terminar con la muerte o en una vida de mierda de la mas débil.  Luego volveremos a ver como matan chicas en los suburbios pobres de Buenos Aires, pasando a ser sólo una estadística, pero cuando matan a chicas con capital político (como en el caso de Micaela, que no tiene la culpa, pero tuvo gran visibilidad por ser militante e hija de un burócrata académico) nos rasgamos todos las vestiduras, pero cuando vemos que chicas mueren en el conurbano bonaerense o en provincias pobres como Santiago del Estero o Jujuy...vuelven a ser sólo lo de siempre: simples estadísticas.

Otra cara de la realidad, 03/06/2017, CABA
Iba pensando en todo eso, cuando me subo de vuelta en el subte cuando veo otra postal que nos hemos acostumbrado cotidianamente como sociedad: ver niños trabajando o  mendigando en el subte, en este caso, un niño  tirando unas pelotas en el techo para ganarse unas monedas y la compasión de los pasajeros. No era la primera vez que lo veía, pero sin duda, al volver de la marcha del #NiUnaMenos, me hizo caer que sería mejor que pensemos en un #HastaCuando!!! No quita la validez del #NiUnaMenos, pero la unificaría dentro del cúmulo de miserias e injusticias que vivimos como sociedad.

¿#HastaCuando las matamos, las cosificamos y  abusamos de las mujeres? #HastaCuando no habrá opción a abortar?? #HastaCuando las élites y clases políticas nos tratarán a los ciudadanos como meras comparsas de sus planes y no como sujetos??? #HastaCuando nos dejará de importar una mierda que miles de niños y jóvenes crezcan en un país que les cierra las puertas y los deja tirados a su suerte entre muchas otras cosas que cruzan a la sociedad completa más allá de particularidades de género o clase.

Sin duda, el #HastaCuando!!! debiera ser el grito de indignación que pudiera unificar las diversas demandas de la sociedad, pero hasta que nos demos cuenta que a ellos les conviene que estemos divididos e idiotizados, muchas cosas no van a cambiar.