martes, 6 de junio de 2017

Mein Kamp en un kiosko de la calle Corrientes



Lo que faltaba: Mein Kamp en la calle Corrientes, junio de 2017




Pese a estar resfriado y con mucho que leer, tenía que salir si o si a pagar cuentas. El sino de la vida actual. Caminando hacia un banco que tiene una lechuza como símbolo (bien punga el dichoso pajarraco), me encuentro con esta postal, la de la foto que precede a este posteo. Entre mezclado entre portadas con el inefable de Tinelli y toda la prensa que gira sobre su dichoso programa, me encuentro a el, al cabo austriaco con su obra cumbre: Mein Kamp en un kiosko de la calle Corrientes (a la altura del 4500) ¿Que más se puede decir? Más allá del genuino interés que tenga alguno de leer su obra (que serán tal vez, los menos) muchos lo comprarán por creerse ese discurso de que la supuesta raza aria (y la blanca por extensión) debe ser la superior sobre la faz de la tierra aunque para ello se deba eliminar a las minorías molestas que impiden el dominio del ario a nivel global, ya sean estos personas de religión judía, eslavos, gitanos, gays y cualquier no blanco.

Me imagino que los potenciales lectores porteños del Mein Kamp, agregarían al listado de despreciados por el cabo austriaco a  los inmigrantes latinoamericanos  (peruanos, bolivianos y paraguayos en su mayoría) que son los que mantienen sus calles limpias, sacan su basura, construyen sus casas, hacen su ropa en talleres clandestinos y son la mano de obra barata que subsidia y mantiene el modelo económico -cualquiera que sea- en la Argentina moderna. Pese a ser aplastado hace más de 70 años, su nefasto legado sobrevive en toda esa manga de mamertos (no merecen otro nombre) que se creen de una raza superior, que se creen arios y desprecian a los demás por ser diferentes, pero son muchas veces toda una sarta de aspiracionales y marginales que toman una ideología del odio como es la nacionalsocialista para poder salir de su pozo de frustraciones.

Lo peor que épocas como esta, con el terrorismo islamista  y de neopopulismos autoritarios  y racistas como relón de fondo global y de recesión económica a nivel local, son el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de estas minorías del odio, que aprovechan estos cortes de época para aparecer con su mensaje "novedoso" y supuestamente redentor. No hay que caer en el error de perseguirlos y darles con todo, hay que dejarlos desnudos con ideas y argumentos y demostrar que son solo una parva de pobres tipos que se escudan en un enano genocida para poder salir de sus cuevas.

sábado, 3 de junio de 2017

No es sólo #NiUnaMenos es #HastaCuando!!!

#NiUnaMenos, 3 de Junio de 2017, CABA
Hasta ahora nunca había ido a una marcha del #NiUnaMenos en Buenos Aires ni en ningún otro lado, pero este sábado me anime a darme una vuelta un rato a la organizada el 3 de Junio. Me bajé en la estación del subte Callao y subí hasta Rivadavia, hasta la altura de Congreso y comencé a caminar a lo largo de Rivadavia y Avenida de Mayo. Sin duda, la consigna del #NiUnaMenos está presente dentro del  discurso político y social de varios sectores en Argentina, pero tengo mis reales inquietudes que pueda llegar a ser algo más.

Ya es la tercera vez que se organiza una movilización de este tipo pero es el momento de preguntarse ¿sirven de algo? No pretendo deslegitimar para nada a las personas ni los colectivos que están detrás, pero creo que llegó el momento de tener que hacer una lectura crítica, menos militante y más desapasionada.   El hecho que el #NiUnaMenos sea un punto de reunión de grupos que van desde las feministas más radicales (de esas que plantean que hay que cortarle el miembro al hombre) hasta toda clase de Movimientos Sociales, pasando por todo el gran arco de la atomizada izquierda argentina (que sigue pagando culpas de clase hasta el día hoy), de los diversos colectivos kirchneristas (La Campora, Nuevo Encuentro y más o menos el Movimiento Evita) y sindicatos varios además de una multitud de ciudadanos privados hace que el #NiUnaMenos se diluya en algo que ha pasado a ser un muestrario de la fuerza de cada grupo, sobretodo en este 2017 electoral que dilucirá la suerte de muchos que sólo apuestan a la fuerza callejera sin entender que la mayoría de las personas  ya le entra todo por la pantallita de sus teléfonos móviles y laptops y no  por alguien que canta sloganes sacados de algún museo (por más que usen el hinchapelotas escribillo del "Despacito") magnificado por unos parlantes arriba de un camión. Pero eso sí, aclaro que  es bastante preferible ver a la gente marchar y cuestionar que se quede sentada viendo a Tinelli, pero sin duda, ya no genera el ruido que causaron las 2 marchas anteriores y puede caer en el riesgo de ser una rutina, un ritual político que otra cosa.

Pero lo que me preocupa, es el que pasa después de la marcha. Escuchaba aterrado(si, me dio terror) en una performance en Avenida de Mayo, que en el mes de abril de 2017, moría por la violencia machista una mujer cada 18 horas, más de una mujer al mes en Argentina. Eso te hace preguntar ¿que mierda pasa en este país? Tanto es el odio y resentimiento que hay en miles que terminan desquitándose en el entorno cotidiano, viviendo en relaciones asimétricas y de dependencia y subordinación que pueden terminar con la muerte o en una vida de mierda de la mas débil.  Luego volveremos a ver como matan chicas en los suburbios pobres de Buenos Aires, pasando a ser sólo una estadística, pero cuando matan a chicas con capital político (como en el caso de Micaela, que no tiene la culpa, pero tuvo gran visibilidad por ser militante e hija de un burócrata académico) nos rasgamos todos las vestiduras, pero cuando vemos que chicas mueren en el conurbano bonaerense o en provincias pobres como Santiago del Estero o Jujuy...vuelven a ser sólo lo de siempre: simples estadísticas.

Otra cara de la realidad, 03/06/2017, CABA
Iba pensando en todo eso, cuando me subo de vuelta en el subte cuando veo otra postal que nos hemos acostumbrado cotidianamente como sociedad: ver niños trabajando o  mendigando en el subte, en este caso, un niño  tirando unas pelotas en el techo para ganarse unas monedas y la compasión de los pasajeros. No era la primera vez que lo veía, pero sin duda, al volver de la marcha del #NiUnaMenos, me hizo caer que sería mejor que pensemos en un #HastaCuando!!! No quita la validez del #NiUnaMenos, pero la unificaría dentro del cúmulo de miserias e injusticias que vivimos como sociedad.

¿#HastaCuando las matamos, las cosificamos y  abusamos de las mujeres? #HastaCuando no habrá opción a abortar?? #HastaCuando las élites y clases políticas nos tratarán a los ciudadanos como meras comparsas de sus planes y no como sujetos??? #HastaCuando nos dejará de importar una mierda que miles de niños y jóvenes crezcan en un país que les cierra las puertas y los deja tirados a su suerte entre muchas otras cosas que cruzan a la sociedad completa más allá de particularidades de género o clase.

Sin duda, el #HastaCuando!!! debiera ser el grito de indignación que pudiera unificar las diversas demandas de la sociedad, pero hasta que nos demos cuenta que a ellos les conviene que estemos divididos e idiotizados, muchas cosas no van a cambiar.
  

lunes, 29 de mayo de 2017

Twin Peaks: 25 años después





Por esas cosas de la modernidad online capitalista, pude ver la semana pasada en el sillón de casa los 2 primeros capítulos - mejor dicho un 1er capítulo largo- de la vuelta de Twin Peaks. Cuento corto, sin spoilear, prácticamente la trama no tiene mayores puntos de relación con el pasado. Lynch no se durmió en los laureles repitiendo la historia original, lo cual ya es ganancia en estos tiempos. Eso sí, ver la obra de David Lynch,  ya sea en su versión de comienzos de los años 90 como ahora no es para nada una tarea fácil, ya que exige seguir y aguantar una trama que no tiene nada de lineal, por el contrario, es bastante lúdica como onírica, que tiene muchas salidas inesperadas y recovecos tortuosos que pueden hacer desesperar al tevito más tradicional. Fueron prácticamente 2 horas de sorpresas, reencuentros con viejos personajes (hasta por ahí en algunos casos) y nuevos escenarios poco esperados para quien la vio hace 25 años.

La primera vez que vi la serie original, es decir, la primera temporada de Twin Peaks, fue en el  canal 13 chileno en 1991 (cuando era de la Universidad Católica, un reducto del Opus Dei pinochetista), una cosa rara y extraña si se piensa con la lógica de hoy. Reconozco que pude soportar sólo algunos capítulos y llegue en esos años a la conclusión que sólo se podía ver como hay que ver las películas de Raul Ruiz, Jorordowski o Tarkoski: borracho como piojo.

Esto significa que no soy un enfermo fanático de David Lynch, ya que hay películas de Lynch que no pude terminar de ver nunca como Blue Velvet (Terciopelo azul) ni siquiera con algunos tragos encima. Pero muchos años después,  pude ver online sin mayores problemas las dos temporadas originales, lo que provocó que esperara con algún interés esta nueva versión. Pero más allá de mis apreciaciones, hay que tener claro que una de las principales virtudes de David Lynch, es que no es de los que repiten formulas. En tiempos como estos, ver al Agente Cooper 25 años después es bastante mejor esto que ver a Zombis por el medio oeste estadounidense, los inefables programas de cocineros, la mugre hecha televisión llamada Tinelli o cualquier programa de farándula. Por ello siempre es bueno darse una buena dosis de LCD en pantalla plana como el que ofrece la dupla Lynch y Frost con este Twin Peaks 25 años después