martes, 29 de junio de 2010

Malverde o la crisis de la esperanza


A veces las personas y por ende, las instituciones fallan y se buscan salidas alternativas a su situación, buscando agarrarse emocionalmente de lo que sea para poder seguir adelante. Antiguamente la gente vendía su alma al diablo, otros hacian pactos brujeriles y la mayoría se encomendaba a alguna deidad. En nuestras sociedades latinoamericanas, por ser de raíz hispano-mestiza, esta devoción fue primero a los santos que reemplazaron a las divinidades tradicionales y luego a los santos populares como el Gauchito Gil, la Difunta Correa o animitas (santos vernáculos) como pueden ser gente como Emilio Dubois, un asesino serial francés de principios del siglo XX, quien murió fusilado y que se convirtió en un santo popular en Valparaíso. Pero en ciertas circunstancias, como las que sufre sociedades como la mexicana, con la crisis de la Iglesia Católica, el fuerte empobrecimiento de millones y el surgimiento de delincuentes que pueden desafiar a cualquiera sin mayor impunidad como son los narcos, quienes para algunos se convierten en ejemplo a seguir, la gente busca aferrarse a elementos limitrofes con la dualidad del bien y el mal existente en occidente. Un buen ejemplo son la Santa Muerte y Malverde (el sujeto de la foto) santidades populares mexicanas, las que surgen en un contexto de crisis social e institucional, que en el caso mexicano se hace visible en el agotamiento del sistema político y la violencia narco. Como consecuencia de eso, es lógico que los sectores desposeidos anden buscando el alero emocional de estas deidades alternativas, las cuales llenan el espacio y la devoción que la religiosidad institucional le es incapaz de dar a sectores empobrecidos y faltos de esperanzas.

En resumen, como humanos buscamos en factores metahumanos poder zafar de nuestras limitaciones, solo que a veces les pedimos que sean mas de lo que nos pueden dar, pero eso es otra historia.

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