miércoles, 12 de enero de 2011

Magallanes


Reconozco que he tenido una relación personal complicada con Punta Arenas y la Región de Magallanes. Pese a que mi padre es oriundo de ahí, nunca tuve una mayor simpatía con la parentela de la austral ciudad, dado por que se sentían los ricachones del barrio, que vivían en bonitas casas con calefacción, mientras que yo vivía por aquellos años en una calurosa casa de madera (sobretodo en enero) cuando estos llegaban por semanas a quedarse en la casa de mis padres. Cuando chico fui a Punta Arenas dos veces, las cuales recuerdo mas que nada por una tunda monumental que me dio mi mamá y por haber perdido unas botas de lluvia amarillas que eran mis regalonas.  Pero mas que esos recuerdos del lejano 1982 y 1983, las relaciones que he tenido con los magallanicos nunca han sido de las mejores, siempre los consideré una manga de llorones que se pasan quejando de todo, pese a ganar muchos de ellos sueldos impensados para los mismos trabajos en el centro de Chile.

Muchos años después, volví a Punta Arenas, mediante la manera menos glamorosa: Un largo viaje en bus desde Villa Alemana (con escalas en Santiago y Osorno), para ver a un primo nacido en Valparaíso pero emigrado a Magallanes, que pasaba por un doloroso proceso de separación. Vi algunos parientes, pero no disfruté mucho de la ciudad, ya que estuve pocos días.

Ahora con los últimos sucesos en Punta Arenas, asumo que no me son indiferentes. Por primera vez (y tras tener un conflicto personal) siento un grado de simpatía crítica con las movilizaciones sociales que se han dando en estos dias. Y espero que con este posteo me empiece a reconciliar de una vez con una ciudad y una región (que quiera o no) están muy vinculadas conmigo.

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