jueves, 6 de enero de 2011

Twitter




Desde hace algún tiempo soy usuario de Twitter, una red que se me hace mejor que Facebook, la cual se ha convertido en un diario mural que hace mas rico a Mark Zuckenberg y sus secuaces cada día. Pese a sus ventajas de interactuar mas allá de tu círculo de amigos y que tus pelotudeces de 140 caracteres las pueda leer un chino en Shangai, un turista en La Serena o un tipo en la Rue de la Paix en París, es como todo proceso internetero, imperfecto y creador de seres esperpenticos.

A veces creo que Twitter es sólo una especie de pizarron para mostrar egos de una manera mas amplia y anónima que Facebook. Es curioso e inocente creer que puedes tener contacto directo con el Presidente de tu país, figuras de la farándula o con deportistas famosos y que estos te den bola contestándote, pero está la posibilidad remota e inusual de que te respondan.

Lo malo de esto, es que como todo proceso surgido de la red ha creado una fauna nauseabunda de sabiondos, creídos e insufribles (entre ellos los periodistas) que se sienten los reyes del tuitteo inteligente, es decir, una especie de grandes pensadores y poseedores de la verdad en la red. Pero por suerte, en Twitter tienes la posibilidad de desquitarte con ellos, aunque estos te respondan con el sutil látigo de la indiferencia, pero la opción está y eso ya de por sí es bueno.

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