domingo, 29 de julio de 2012

Juegos Olímpicos



Hace un par de días comenzaron los Juegos Olímpicos de Londres, cuya apertura, lo tengo que reconocer,fue de las mejores que tenga memoria. Una cinematográfica puesta en escena dirigida por Danny Boyle (Trainspotting), con guiños a los aportes británicos a la cultura popular mundial (James Bond, Mr. Bean y The Beatles), cautivaron a los millones de espectadores por TV. Pero tras el brillo de la apertura de los Juegos Olímpicos, ya comenzó la decepción  de los atletas latinoamericanos. Salvo el Basquetbol y las jugadoras de Hockey argentino (las Leonas), el fútbol brasileño, los clavadistas mexicanos y los atletas cubanos que no deserten, no habrá mucha cosecha de medallas en los Juegos Olímpicos de Londres por parte de medallistas latinoamericanos.

Es cierto, mas que alguno sacará una que otra medalla, más allá de los que mencioné pero en general, los Juegos Olímpicos en América Latina siempre ha significado paseo de dirigentes venales que gastan los exiguos presupuestos que otorgan gobiernos amarretes con el deporte, pero amigos de los gastos presupuestarios en banalidades. Ejemplos en América latina sobran, pero hay algunos que realmente llegan al descaro. Es el caso del chileno Tomás González, quien ahora el establishment  está pendiente de que si gana una medalla o no, pero que el Estado chileno apenas puso dinero en su formación deportiva y en el caso de que gane algo se colgará de su éxito, cual quinceañera con su ídolo de turno. Tuvo que ser un magnate privado, Leonardo Farkas quien aportó dinero para su equipamiento, ya que los mezquinos dirigentes chilenos no podían conseguir fuentes de financiamiento no sólo para Tomás González sino para muchos deportistas chilenos. Y lo peor es que no sólo pasa en Chile sino que en buena parte de América Latina: la desidia de la clase política de apostar por el deporte, no sólo al de élite, sino al de masas. Si vemos los que se gasta en América Latina en Deporte, es magro y miserable teniendo muchas veces que mendigar al poder económico y político para financiar el deporte. Existen excepciones como el impuesto argentino de un 1% a las facturas del Teléfono móvil, con el cual se financia el Enard (Ente Nacional de Alto Rendimiento), pero son eso, excepciones.

Hasta que no entendamos que el deporte, tanto el de élite como el masas, nos ayudará a sacar a esa creciente cantidad de Ninis (Ni estudian ni trabajan) que pululan en nuestras calles, como zombies sin futuro y sin esperanza, olvidémonos de sacar medallas en los Juegos Olímpicos para alguno de los ventititantos países de América Latina o por lo menos, tener chicos más sanos o saludables.




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