martes, 11 de septiembre de 2012

El Luchador





Hay películas donde  pese que la decadencia y el final se hacen más o menos claros desde el comienzo, son capaces de poder atrapar al espectador de una manera tal que lo mantiene pendiente hasta el final y este es el caso de El Luchador. El Luchador o The Wrestler, es una película de 2008, dirigida por Warren Aronosfky, el mismo de Pi, Requiem por un Sueño y El Cisne Negro, y está protagonizada por Mickey Rourke, Marisa Tomei y Evan Rachel Wood.

Desde el comienzo de El Luchador queda claro por donde va la película, en mostrar la podredumbre humana en su esplendor. El Luchador, Randy  "El Carnero" Robinson (Mickey Rourke), es un tipo que vive atrapado por su pasado y que le es imposible desmarcarse de el. Pese a pasar su cuarto de hora en  la lucha libre, sigue peleando en rings de cuarta categoría. Aronofski, como un adaptador masivo de Dogma, muestra con una cámara el entorno de la lucha libre en un entorno casi de barrio, donde los luchadores pelean en clubes o centros comunitarios, rodeados de fanáticos tan perdedores como ellos. Para darle un toque de realismo a El Luchador, Aronofski recurre al formato del tipo documental para mostrar los entretelones previos a las peleas, con un toque de realismo que deja visible lo decadente del entorno.

El filme se centra en una leyenda pretérita, Randy que lleva a duras cuestas el peso de haber sido un gran luchador, mostrándolo su vida que es una oda a la decadencia humana. De pasar de ser un gladiador de rings de cuarta categoría, llega a su realidad cotidiana donde es incapaz de pagar el arriendo de la covacha donde vive, va a un trabajo de supermercado que apenas le alcanza, pero eso no le impide gastar su escaso dinero que gana por pelear y en el supermercado en putas, solarium, en teñirse el pelo y drogas, todo para mantener viva la leyenda de Randy el Carnero, aunque eso sea difícil de sobrellevar. Su vida personal es un desastre, tiene una hija que apenas ve y que lo odia y sólo tiene una relación con una puta del cabaret del pueblo (Marisa Tomei), pero que el filme no desarrolla tanto, ya que como se decía, se centra en ser una oda a la decadencia, tanto del mito como del ser humano que es Randy "El Carnero" Robinson.




Esta rutina decadente de putas, peleas, miserias, trabajo en el supermercado y glorias pasadas, se ve alterado por un problema cardíaco, que lo lleva a ser operado. Literalmente, en este momento, a Randy se le acaba la joda y tiene que optar. Pero el problema que no tiene muchas opciones ya que no tiene mas, solo su gloria pasada.

Aronofski usa al personaje de Mickey Rourke como pretexto para mostrar el lado b del sueño americano, la soledad, la individualidad llevada al extremo, a mostrar a los yankis en su realidad proletaria profunda que está muy alejada de las rubias de Nueva York y de luces de la ciudad, sino que se acerca a los Estados Unidos de los obesos, de los nacionalistas cristianos, de las villas miserias de casas rodantes, esa Norte América que no se ve mucho y que Aronofski despliega de una manera convincente en El Luchador.

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