lunes, 30 de mayo de 2016

La noche, las putas y yo o crónica de mis encuentros con prostitutas en Montevideo

esperando, Montevideo, 2016



Convengamos que el que escribe nunca ha sido de los que se llaman puteros, es decir,  de los que gastan sus pesos en comprar sexo.  Ya sea por una moral burguesa que uno arrastra por formación o deformación o por no me generaba mayor interés, en público y privado he sostenido que lo último que puede hacer una persona es tener que pagar por sexo.  En mi caso nunca apelé a ello, ya que nunca me sentí tan incapaz de poder seducir a alguien, para eso prefería apelar a la incondicional que estar usando a una persona para saciar mis más oscuros deseos carnales, más aún cuando se sabe que  la mayoría de ellas no son precisamente Clara de Noche ni Pretty Woman, por el contrario se encuentran forzadas a tener que "trabajar" bajo la mirada de los chulos, cafiolos y cafishos que las tienen a sus expensas.

Pero esta postura no me ha servido para evitar ser abordado por prostitutas y las dos veces que me ha sucedido, me ha pasado en Montevideo y de noche. La primera vez, cuando tuve que ir por trámites profesionales a la capital uruguaya, me encontraba haciendo tiempo en la terminal de Tres Cruces y decidí buscar un lugar donde comer bueno, bonito y barato. Salgo de la terminal y una chica de al menos 30 años se me acerca y me dice "que linda bufanda que tenés". Le digo "gracias" y ahí comienzo a hablar con ella. Tras dos o tres frases me dice que "ando laburando y si querés ir a algún lado conmigo". Rápidamente entendí lo que sucedía, realmente me sentí incómodo como sorprendido y sólo le atino a decirle "no, no gracias, no es lo mio" y decido volver raudamente a Tres Cruces a esperar el micro que me llevaría a casa.

La segunda ocasión me ocurrió hace pocos días, que volví a la ciudad por motivos familiares. Iba a comprar a un supermercado que se encuentra en la histórica avenida 18 de Julio, por la altura del teatro Zitarrosa y frente a la plaza del Entrevero, una chica de 30 años, para nada fea, con un físico y rostro similar a Natalia Oreiro me ve y me dice "mirá que hace frío, no", yo asiento con un "sí, hace frío". Sin ir con mayor trámite "querés sacarte el frío, ya que ando laburando"....quedo helado y sólo atino a decir "no, no, no gracias, no ando buscando eso" y salgo hacia el supermercado.

Algún lector me dirá "que idiota, anda a darle y seguis con tu vida como si nada"...pero no, simplemente por que no quiero ser otro clavo en la vida de esa pobre tipa que tiene que salir a tener que acostarse con el primero que pague. El aceptar y practicar la prostitución es en la práctica ser un esclavista, es mantener en las cadenas del cafisho de turno a la tipa que por una vida de mierda (adicciones, promesa de plata fácil, una historia de vida realmente miserable) tuvo que pararse en una esquina a ganarse la vida, sólo para ser un vil pedazo de carne dispuesta a saciar la animalidad de los transeúntes.

1 comentario:

  1. si y no.... la verdad no tengo problema en decirlo nunca pague por sexo pero mis amigos son bastante losers y siempre terminan la salida en quilombos,no importa hay de todo pero leete esta entrevista a maria riot http://www.diarioregistrado.com/erotismo-registrado/-mira-que-soy-puta-tambien--no-se-si-sabias--_a573fa270fba962cb34c2dd94

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