lunes, 23 de enero de 2017

Trump, Racismo y Xenofobia: un cóctel para nada bueno

Retrato oficial del Pdte Trump (petapixel.com)
Y al final ocurrió lo imaginado por muy pocos hace un año atrás:  Donald Trump ya es presidente de Estados Unidos y al parecer cumplirá sus promesas de campaña de la manera más explosiva posible:  firma del decreto que comienza a colocarle fin al Obamacare,  salirse del acuerdo TransPacífico,y  junto con una serie de probables medidas teñidas entre una mezcla de nacionalismo de manual (el "Make America Great Again"), populismo demagógico y con un innegable tufillo de racismo y xenofobia, el cual está apenas disimulado con el asunto de hacer un muro en la frontera entre Estados Unidos y México.

Más allá de la opereta del payaso de turno en la Casa Blanca, vale la pena preguntarse seriamente si Donald Trump es un mero accidente espacio temporal o es la señal del comienzo de una nueva época. Honestamente creo que es el comienzo de un nuevo período histórico, el cual ya ha mandado varios signos de que está instalado acá, pero al parecer hacía falta un espectáculo mediático de gran envergadura para anunciar a las masas imbuidas en las redes sociales de que ya estamos dentro de el y este director de escena es Trump.

Pensemos solamente que no es casualidad que el progresismo ha sufrido derrotas severas en las urnas (o sacados del poder como en Brasil) tanto en Europa como en buena parte de América Latina ( en Estados Unidos, ni Obama o Hillary Clinton no son progresistas, ese era  realmente Bernie Sanders, más cercano a un laborista inglés de los años 70  o al viejo PSOE previo a Felipe González), y los que quedan, se han derechizado como es el caso del gobierno de Francois Hollande en Francia o de manera más doméstica en Latinoamérica, los gobiernos del Frente Amplio (Pepe Mujica era  sólo un viejito simpático nada más) en el Uruguay y la coalición seudo progresista que tiene como presidenta de Chile por segunda vez a una vez más desdibujada Michelle Bachelet. Gente como Mauricio Macri, Pedro Pablo Kuczynski, Juan Manuel Santos, Horacio Cartes, Michel Temer -impuesto- y otros no son meros accidentes de la Historia reciente sino que son signos de los tiempos, es decir, en los lugares donde hay elecciones libres va hacia la derecha, ya sea democrática o no tanto. Cuando se cuestionan los valores progresistas de manera importante, vuelven a aparecer las derechas que extrañan a Mussolini o al cabo austriaco, añorando sociedades "racialmente limpias" y eligiendo al inmigrante como chivo expiatorio. Donald Trump ha escogido esta receta en contra de la migración mexicana y los musulmanes y le da resultados...al igual que a varios políticos de derecha y extrema derecha en Europa (Marine Le Pen en Francia, Michael Farage en el Reino Unido y a los cuasi fascistas que gobiernan Hungría y Polonia) volviendo sus ojos al extraño, al diferente, al inmigrante, al musulmán (en este último caso, el odio racista da material para los del ISIS, dando la oportunidad de seguir reclutando potenciales yihadistas en las marginalidades de las grandes ciudades de Europa). Lo anterior cuestiona de facto los valores democráticos, los cuales son dejados de lado con tal de ganar elecciones a toda costa.

Mientras que en América Latina algunos se cuelgan de la ola creada por Trump.... Mauricio Macri quiere desmontar de hecho la ley de migraciones de 2004, colocando al extranjero como amenaza y reflotando el discurso de la amenaza proveniente del exterior, apoyado silenciosamente por parte de la clase media argentina que cree ser parte de una Europa que ya no existe (o existió en sus coloniales mentes) y que cada vez ve aterrada al ver como Buenos Aires y el resto del país se transforma en una sociedad multirracial y multicultural, mientras que en el vecino Chile, las leyes se aplican con distinta vara si se es mapuche (potencial terrorista) o si se es chileno de origen europeo y empresarial, con un claro sesgo racista de facto. Mientras que en el resto de América Latina.....muy diferente el panorama no es, con gobiernos sistemáticamente entregados a intereses empresariales sin tomar en cuenta los intereses de sus ciudadanos o despreciarlos como en México donde se violan los derechos humanos de una manera casi descarada y a la vista de todos.

Cómo podemos ver tenemos un cóctel explosivo: Trump+racismo+xenofobia, el cual es un signo claro de época que nada bueno tiene. Nada, absolutamente. 

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