miércoles, 10 de mayo de 2017

Un no lugar para comer: el Burger King de calle Corrientes

menú económico de $52 ARS (mayo de 2017)

Aunque soy defensor de los restoranes y bodegones de barrio, a veces uno cae por descarte en la comida chatarra, aunque cada vez menos. Esta vez era por que andaba con poco dinero en el bolsillo, resultado de pagar cuentas y el hambre arreciaba. Tras salir del Banco Francés de la esquina, el de avenida Corrientes y Angel Gallardo. Vi  lo que me quedaba en el bolsillo, unos 60 ARS ( algo así como 4 dólares)...la oferta culinaria en estos tiempos inflacionarios no es mucha. Es cierto que en otros lugares de América Latina o Europa, eso bastaría para comer algo digno, pero  este no era el caso y menos en esta parte de Buenos Aires. Volviendo al relato, veo en el Burger King del frente: Combo $ 52 que incluye una hamburguesa, papas fritas y gaseosa.  Me dije, esta es la mía, la hago como rey, como por poco y listo.  Cruzo la calle, entro al local, pido el dichoso combo de $ 52 de Burger, una hamburguesa con lechuga, tomate y mayonesa. Ahí me topo con la primera decepción, la que fue donde se hacen los pedidos: ¡¡¡Es un combo infantil!! me dice la chica que con desgano atendía a la gente (nunca la publicidad dice que es un combo infantil).  Más encima dice casi como un mantra sin muchas ganas pero ya es parte del trajín diario: "¿querés agregar 12 pesos para agrandar papas?"


Pausa en el No Lugar

Me digo, ya fue, estoy acá y hay hambre y poca guita (dinero). Pago y me entregan un micro combo: unas papas minúsculas, una gaseosa con un 40% de hielo -viejo truco de las cadenas estadounidenses de fast food en esta parte del mundo- y una hamburguesa bastante pequeña y mustia. En otras circunstancias habría reaccionado como Michael Douglas en "Un día de furia" pero no andaba en plan peleador. Subo la escalera con mi bandeja y me siento en la planta alta, donde encuentro un espacio para tragar e irse, en otras palabras, un no lugar como los que habla Augé. Gris, con gente que pasa la vida con uno de esos intomables cafés que venden ahí, un linyerita (vagabundo) rumiando sus penas, jóvenes en plena efervescencia adolescente, una que otro que trataba de estudiar y quien escribe que sólo quería comer una hamburguesa buena, bonita y barata, pero este no era el caso.

Me habré demorado no más de 10 minutos en terminar el ritual alimenticio en el no lugar, pero sin no antes advertir que al salir de ahí, no sólo estaba dejando un lugar de comida estándar -desabrida mejor dicho. y literalmente sobrevaluado (como muchos hoy en Argentina como consecuencia de la inflación) también estaba dejando un lugar entre paréntesis, como son muchos de estos fast food, donde la gente se refugia para hacer más llevadero su día y su cotidianeidad. Más allá de los modelos e ideales sociales, el Burger King de calle Corrientes es el triunfo de la deshumanización de la vida moderna que da pausas en lugares indignos de ser considerados como tales, los no lugares, que son sólo para sentarse e ir al baño y volver a la rutina,  que son sólo paradas en un transcurrir en vidas grises y lineales que esperan un golpe de suerte para romper con ese día a día.

Pero volviendo a lo culinario: ¿vale la pena comer en el Burger King de calle Corrientes? Tal vez se justifica si realmente andas con poco dinero y tu apetito es mínimo (no era mi caso). Las hamburguesas que valen la pena rondan cerca de los 10 dólares, lo cual es una locura en un país como Argentina (sale lo mismo que un plato de comida y una gaseosa en un restoran de barrio). Lo más probable que no repita y no entre por largo tiempo, a lo sumo, para usar el baño, que para eso sólo sirven estas cadenas de comida y para no mucho más.

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