sábado, 23 de junio de 2018

Un fantasma recorre el mundo, el del racismo antiinmigrante










Un fantasma recorre el mundo, pero no el que pensaba Karl Marx, sino uno totalmente diferente y para nada cuestionador del orden social sino uno reaccionario, proveniente del poder político y anti moderno, el del racismo antiinmigrante. Sucesos como la separación familiar de indocumentados ordenada por Donald Trump que afecta a inmigrantes mexicanos y centroamericanos con el fin de meter miedo y acelerar las deportaciones, el rechazo de recibir migrantes rescatados en el Mediterráneo por el gobierno derechista italiano, las legislaciones cuasi nazis aprobadas y ejecutadas en países como Austria o Hungria y para no ir más lejos, la reforma a la ley de migración del 2004  realizada por el gobierno de Mauricio Macri que criminaliza a los migrantes o el endurecimiento de las normas migratorias en Chile, hacen que el hecho de migrar sea cada vez más complejo, contradiciendo el principio neoliberal de la libertad de movimiento de la mano de obra.

Eso, si, convengamos que migrar es un acto propio del ser humano, lo ha hecho siempre desde tiempos inmemoriales, ya sea el cruce de Asia a América hace 12000 años o la llegada de inmigrantes en barcos en el siglo XIX y XX. Aunque también siempre ha existido una retórica  y práticas antimigrante desde la sufrida (según ese libro de historias fantásticas llamado Biblia) por los hebreos por parte de los egipcios hasta la aplicación práctica del "make America great again" de este siglo. Pero creo que se ha cruzado un límite que es criminalizar la migración, la cual queramos o no, será inevitable si en 3/4 del mundo ganan menos de 0,20 centavos de dólar al día mientras que en Europa o Estados Unidos, ganan 1000 veces esa cantidad al día. E incluso si lo aterrizamos en América Latina, peruanos, bolivianos, haitianos, venezolanos y colombianos seguirán mirando a Argentina o Chile como lugares donde existe la esperanza de ganar algo de dinero.

Esta disparidad de la riqueza global que genera el movimiento migratorio (entendamos que la migración en general NO es por gusto sino por necesidad) hara que muchos sigan arriesgándose a cruzar en lanchones el Mediterráneo, viajar en trenes de carga por México -a merced de narcos, polícias corruptos y autoridades venales- o cruzar el desierto con 45° a la sombra a riesgo de morir de sed. Y más encima, los países receptores los ven como delincuentes, lacras sociales, malvivientes que vienen a generar delitos y quitar empleos a los locales. Pero si nos ponemos a pensar, los migrantes trabajan en negro, sin previsión, ganando una miseria y ocupando empleos que los locales desprecian, además subsidiando con su mano de obra barata economías como la estadounidense o incluso la argentina....

Pese a ese aporte involuntarios, los migrantes son perseguidos, despreciados, discriminados y maltratados desde Alaska a Tierra del Fuego en nuestra América. Y más encima, países latinoamericanos que claman por los derechos migrantes de sus connacionales por parte del gobierno de Trump, son los primeros en criminalizarlos como es el caso de México que hace el trabajo sucio de los estadounidenses en sus fronteras persiguiendo a centroamericanos y sudamericanos que quieren viajar vía México hacia el sueño americano (lo mismo hace Marruecos con respecto a los que desean ir a Europa).

Lo peor de todo esto es que el discurso que hoy justifica el racismo antiinmigrante está teñido de un  tufillo cuasi fascista...donde se entremezcla una idea de superioridad nacional (en algunos casos racial) sobre los demás, creando la imagen del peligro de la migración que puede destruir la comunidad imaginada que es la nación (el Make Great America Again  o el discurso de la Liga Norte en Italia ¿¿que es??) y para ello se debe defender de los bárbaros tratándolos como basuras. Es peligroso que a más de 70 años de la derrota del Nazismo....algunas de sus ideas -pasadas por agua- pervivan en muchos. Ese es el verdadero enemigo y ese hay que darle pelea. No es el inmigrante sino la negra sombra del fascismo racista que pulula tanto en Washington, Europa o incluso -con que cara- en América Latina. Ojo, si lo dejamos crecer será un monstruo imparable que destruirá nuestras democracias y todo lo que ello significa.


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