sábado, 4 de agosto de 2018

el desencanto y la crisis de la democracia





Hay un momento en la vida de las personas en que se dan cuenta que las ideológias políticas son metarelatos de construcción de poder ¿oh, descubriste América en el mapa? Si y no. Eso es sentido común, es decir, que las construcciones ideológicas son discursos elaborados para conseguir llegar al poder, pero cuando vez a lo largo de los años que sólo son máscaras para encumbrar a algunos que han hecho carrera eliminando rivales y transando ideales a destajo o que simplemente siguen la lógica del gatopardismo: que cambie para que todo siga igual (o peor como en América Latina). O incluso peor, que ni siquiera hayan cambios y se mantenga en una inercia anómica que deja a pocos dentro del juego y el resto mira desde lejos.  

¿Porqué creen que tenemos bajas tasas de participación electoral en varios países donde hay supuestamente democracias asentadas hace varías décadas? Puesto que varios actores sociales se han dado cuenta que de hecho son sólo arroz graneado -sirven sólo para acompañar- dentro del sistema democrático latinoamericano, ya que saben que la lucha política sigue siendo "pelea de futres" -ricos en el argot chileno de ppios del siglo XX- y que tienen preocupaciones más terrenales que la construcción de la democracia. Ojo, quien escribe sigue creyendo en las bondades de la democracia multipartidista y en el mayor grado de libertad posible, pero hay que tener en cuenta que estamos en tiempos donde la democracia liberal está en crisis, por esa incapacidad fundacional de ampliar el juego a los diversos actores sociales (que son cada vez más complejos) y ha abonado terreno para populistas de todo signo político que a la postre pueden destruir al sistema democrático generando pantomimas que asemejan un régimen institucional pero que son protoautoritarias de hecho. Para eso tenemos como mejor ejemplo a Trump.

Si la democracia latinoamericana sigue esperando al salvador, al hombre extraordinario, al visionario cómo se ha pasado buscándolo durante los últimos 80 años, seguiremos con una imposibilidad de poder tener sociedades multiclasistas, diversas, respetuosas de los derechos básicos, complejas e amplias, y caeremos en la creencia fatua de que la uniformidad  dirigida por un falso profeta (fascismo, populismo, conservadurismo, revolucionario) nos llevará a una mejor sociedad.

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